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“Estoy muy decepcionado” fue lo que me dio cuando me interrogó y le respondí que quería regresar a mi casa en Colombia junto a mi mamá y abuelo, de éso le siguieron tres o cuatro días en los que nadie en esa casa me dirigía la palabra.
El lunes 10 de junio del 2014 cuando volví de la universidad me esperaban mi papá y Monica en la mesa del comedor (junto a Reina, amiga de Monica que ahora vivía con nosotros porque su marido le molió la cara a golpes) para decirme que tenía alrededor de dos semanas para irme de su casa porque no toleraban mi presencia ni un minuto más y obviamente esperaron hasta cobrarme el dinero de la renta y las más de £200 que me hicieron gastar en el impuesto anual de la casa que alquilaban.
—No entiendo por qué se quiere ir si aquí lo tiene todo
—No soy feliz acá, no logro adaptarme al país
<¿Por qué no le grité en ese momento que estaba harta de los golpes, las humillaciones y su abuso en contra mía? ¿Por qué me dio vergüenza a mi decirle sus verdades allí mismo?>
—Yo me voy a encargar de que usted viva en carne propia que sin mi no es nadie. La quiero ver pidiendo limosna debajo de un puente gran malparida.
—Estoy cansada de esto
Y al decir eso, que estaba cansada de él y de todo, lo siguiente que recuerdo es un dolor sordo a un lado de mi cabeza, luego a mi papá pateándome en el estómago y sus manos toscas sobre mi cuello dejándome sin aire y mientras todo iba poniéndose oscuro solo pensaba <Jueputa. Este señor me va a matar. Me está matando… NO. ÉL NO ME PUEDE MATAR. NO ME VA A MATAR> y no sé de dónde saqué fuerzas pero le dí una patada en la entrepierna con mis mugrientas y pesadas Doctor Martens; tampoco sé cómo me lo quité de encima ni cómo llegué hasta la puerta de mi pieza y le puse seguro en lo que agarraba mi pasaporte y saltaba por la ventana corriendo como loca y capaz que sí me veía como una loca porque:
1. Corro chistoso, hagan de cuenta Phoebe la de Friends.
2. Tenía la cara colorada aún de cuando me estrangulaban.
Resonaban a lo lejos sus gritos llenos de cólera detrás de la puerta “Déjenme que yo a esta hijueputa la mato. Es mi hija y le puedo hacer lo que quiera” y dado su historial retorcido no era que me sorprendiera tanto eso pero Monica y Reina se hicieron a un lado muy calladitas cuando me cogió a patadas y después me tomó por el cuello en el suelo.
Reina no me debía nada a pesar de ser ella misma también una víctima de la violencia física por parte de su pareja ni tampoco por hurgar entre mis cajones para ponerse mi ropa sin mi permiso, a fin de cuentas ella era una completa extraña para mi.
¿Pero Monica? Esa vieja me conocía desde los cuatro años que se juntó con mi papá, me vió crecer y decía quererme como a una hija al punto de obligarme a llamarle mamá frente a sus amistades porque ahora éramos una gran familia feliz. Ella conocía de primera mano lo violento y abusivo que podía ser mi él, se supone que yo le caía bien y solo se hizo a un lado en lo que por poco y me mandaban con San Pedro.
¿Por qué hacía eso? ¿Por qué le apoyaba? Grandísima infeliz.
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