El tío
Mi tío Jairo era un hombre bastante peculiar para muchas personas. Pasaba la mayor parte del tiempo encerrado en su pieza reparando relojes, radios, lámparas y cualquier cosa que se le atravesara en el camino. Le gustaba pasar horas hablando sobre el pasado con mi mamá, regañando a los gatos por zapotear sus meriendas o sentarse a leer libros de esoterismo; ya saben, lo básico: Cómo leer la ceniza del tabaco, a qué santo rezarle para que tu suerte mejore y cómo deshacerte de los trabajos que te manden a hacer. Recuerdo también que a veces le daba por cocinar y las papas rellenas le quedaban muy bien. En su juventud gustaba mucho de emborracharse en las cantinas y tener amoríos de un par de noches con las coperas de turno, dicen las malas lenguas que en una de ésas conoció a una señora que vio en él al hombre que por fin la sacaría de esa vida tan malagradecida y se ensañó en hacerlo su marido. Lo invitó varias veces a la casa que tenía alquilada junto a su hermana, siempre a la h...