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La primera vez que me enfermé estando allá fue a las tres o cuatro semanas de haber llegado y en pleno invierno.
Fue una gripa intensa que me tuvo con fiebre y sin poder hablar por varios días. En el instituto y en mis múltiples trabajos entendieron perfectamente que yo no podía emitir sonido sin lastimar mi garganta pero en la casa donde vivía era otro cuento porque mi papá se enojaba y empezaba a zamarrearme mientras me gritaba que yo estaba actuando como que no tenía voz para sacarle la piedra, según él yo me empeñaba en imitar los gestos de mi hermano "el autista" como una burla e intento desesperado por llamar la atención.
La gripa y sus síntomas se extendieron por más tiempo del que yo esperaba; realmente el clima frío me sentaba terrible y me aterraba a sobre manera estar cerca suyo porque veía como él trataba de sacarme conversa y al no poder responderle "cómo se debe" cualquier momento del día se arruinaba por culpa de sus gritos... creo que fue en una de esas peleas que me golpeó en la cara por primera vez y uno de mis cachetes quedó tan colorado y ardiente al tacto que ése día no fui a clases.
Uno de los inquilinos que también vivía en ésa casa me regaló un jarabe con extracto de gengibre y a los pocos días recuperé mi voz.
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