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El pelo era un tema muy importante en ésa familia, tenerlo mínimamente planchado y organizado era cantaleta diaria ya que las mujeres tienen cierta imagen que mantener por habitar cerca de los hombres o en éste caso, por respirar cerca suyo.
La revisión periódica no paraba en las greñas de la cabeza, por el contrario él tenía control de cómo y cuándo afeitar otras partes de nuestro cuerpo: axilas, piernas y genitales.
Mientras dormíamos aprovechaba para mirar y anotar en la app de notas de su iPhone todo lo que criticaría sobre nuestro deplorable estado a la hora del desayuno frente a sus amigos que visitaban la casa regularmente.
"¿Cuándo se va a afeitar? Las mujeres decentes no andan así, no sea cochina ni abandonada" eran sus palabras habituales durante sus días de descanso.
Por eso mismo opté por levantarme muy temprano e ir a la biblioteca de la universidad antes de que la abrieran y regresar a dormir hasta después de la media noche; ni siquiera iba a la casa para la hora del almuerzo, prefería no comer nada a tener que interactuar con él y verle la jeta sonriente mientras me cogía de tema con sus amigos los muy correctos señores de familia que ya hasta sabían el tipo de calzones que yo usaba por su manía de agarrar mis cosas para criticarlas y reírse todos en comunión.
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