En la tarde
-Apreciaría que no lastimaras a otros
-Solo quemé su pantalón. De quemar un pantalón a lastimarle hay un trecho largo, no exageres.
-Tienes razón. Apreciaría que no quemes los pantalones de nadie.
-Eso siempre puede arreglarse.
-¿Y cómo te ha ido allá afuera? ¿Ha sido difícil?
-¿Por qué sería difícil? O sea, sí me sorprendió ver el estado en el que vives pero no es nada que no pueda manejar.
-¿Crees que alguien sospeche algo?
-Para nada. Tu mamá estaba un poco confundida al comienzo pero después se acostumbró a que no estuvieras arropada en tu cama todo el día.
Tus amigos también están más tranquilos. Más bien, ¿tu cómo estás?
-De maravilla. El clima es muy fresco y la nevera siempre tiene cualquier cosa que se me antoje lista; solo ha habido un pequeñísimo problema y es que uno de tus geranios tiene un par de orugas rojas y no sé si dejarlas ser o no.
-Larry. Las orugas se llaman Larry, vienen una vez por año alrededor de esta época y cuando se convierten en mariposas simplemente se van. Les gustan mis geranios pero el daño es mínimo.
- Claro... las orugas Larry.
- No me mires como si estuviera loca, todo este lugar es una consecuencia tuya y yo solo he aprendido a adaptarme.
- Já, yo no te veo como una loca, nada más no supe qué decir.
- Te creo pues.
-Ana de verdad gracias por venir y por ayudarme.
-No tienes que agradecerme, es incluso entretenido para mi.
Además si no vengo de cuando en cuando, la ansiedad de imaginar a mis plantas solas contigo y sin supervisión me sacaría canas.
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